Wayne Shorter es quizá el saxofonista más elegante. Cuando escucho Jazz hago dos cosas, no subir mucho el volumen al principio, que luego habrá que bajarlo, y no hacerme preguntas sobre el significado de lo que suena, algo así como si mirara de cerca los nenúfares finales de Monet, o un Rothko. Si el artista quiso que fuese instrumental no debo echar de menos las palabras. Se trata de imaginarse en un jardín, no para averiguar el nombre de cada planta, sino para sentirse sencillamente dentro de él.
Jimmy Smith es quizá el mejor organista del mundo. Tiene el respeto de rockeros y gentes de la pista de baile por igual. El tema Root Down es conocido por la muestra de los Beastie Boys, donde la entrada tímida de la batería y los arreglos en "escalera ascendente" son difíciles de olvidar.
Al lado de Coltrane o Cannonball, Lou Donaldson parece menor, quizá le falte la fiebre, esa corpulencia, pero a mí me gusta porque aparentemente toca sin estilo, es decir, que su carácter no está en primer plano. Muy conocido en la escena Rare Grooves, cuando el Jazz tomó nota de James Brown.
Un documental de Clint Eastwood, la vida del pianista Thelonius Monk. Los puristas tenían sus reservas, decían que llegaba tarde a las notas, y que aporreaba. Quizá se olvidaran de que un artista lo es entre otras cosas porque consiente sus desarmonías, hace de sus defectos la virtud. Atención al baile del principio, equivale a su forma de tocar.