21.4.12

Matthieu Ricard


Descubrí a este monje en un programa de Redes, con Punset, y he subrayado algunas ideas encontradas en su libro En defensa de la felicidad, un manual que recopila enseñanzas del propio Ricard y de otros pensadores y monjes budistas. El tono didáctico no desmerece su contenido:

· Cuando quieres a alguien, no puedes esperar que haga lo que a ti te gusta. Eso equivaldría a quererte a ti mismo. [Svami Prajnanpad]

· Hacer sufrir a los demás es también provocar nuestro propio sufrimiento, de manera inmediata o a más largo plazo, mientras que aportar felicidad a los demás es, a fin de cuentas, la mejor manera de garantizar la nuestra.

· Las consecuencias de una acción, sea la que sea, maduran a medida que pasa el tiempo y antes o después recaen sobre quien la ha realizado, no se trata de una intervención de la justicia divina, sino de una simple realidad [Francesco Cavalli-Sforza] [...] Desde la perspectiva budista, somos el resultado de un elevado número de actos libres de los que somos responsables.

· En nuestra época, con la seudolibertad de hacer todo lo que le pasa por la cabeza y sin puntos de referencia, ese desdichado individuo se encuentra desamparado. [...] Presa del deseo, salta de rama en rama sin encontrar jamás fruto alguno, como un mono en el bosque, de vida en vida sin encontrar jamás paz. [Sakyamuni]

· ¿Es necesario continuar incrementando las posesiones si ya se vive holgadamente? Cuando disponemos de tiempo libre, ¿qué hacemos? ¿Es urgente cambiar las lámparas, pintar las contraventanas verdes de marrón, plantar de cien maneras el jardín? Es realmente indispensable ir de compras hasta acabar agotado, cambiar de coche cada tres años? tener más objetos, más ropa, [...]

· Si la suficiencia es el patrimonio del necio, la humildad es la virtud fecunda de quien calibra todo lo que le falta por aprender y la extensión del camino que todavía debe recorrer.

· La verdadera humildad consiste en estar libre de toda conciencia de uno mismo, lo que implica estar libre de la conciencia de la humildad. El que es totalmente humilde desconoce su humildad.

· Los humildes no son personas bellas e inteligentes que se afanan en convencerse de que son feas y tontas, sino seres que hacen poco caso de su ego. Puesto que no son el ombligo del mundo, se abren a los demás y se sitúan en la correcta perspectiva de la interdependencia.